27 de marzo de 2011

PASITAS

Letra, música e intérprete: José de Molina.
Disco: Del surrealismo, la picaresca y el humor (grabado junto a Los Nakos).




La noche estaba muy oscura,
el sol brillaba fieramente.
A lo lejos, muy cerca, una casita
sin paredes, sin puertas y sin ventanas.

Adentro, estaba un hombre sentado
en una bella silla sin patas,
leyendo un periódico sin letras,
a la luz de una vela apagada.

Y un sapo de fúlgidos colores
ladraba, cual gato fementido.
“¿Pasitas? —yo me preguntaba—,
¿en dónde compré pasitas?”.

Después me encontré un aparecido;
con sus ojos cerrados me miraba;
sentado en un burro sin cabeza,
caminaba, sin piernas, tristemente.

En el agua del seco manantial,
nadaban las aves con sus alas,
volaban los peces sobre el fuego
que, apagado, les quemaba sus patitas.

Más allá estaba otro hombre desnudo,
con las manos metidas en la bolsa.
“¿Pasitas? —yo me preguntaba—,
¿en dónde compré pasitas?”.

Como se podrá intuir de varios posts de ambos blogs, las vanguardias artísticas fueron y siguen siendo muy importantes para mí. Y el Surrealismo es quizá la que más (sólo por debajo del Expresionismo, mi favorita). Por ello, el entusiasmo que sentí cuando conocí el disco Del surrealismo, la picaresca y el humor de José de Molina y Los Nakos, fue muy grande. Varias rolas me perecieron, y me siguen pareciendo, las que se acercaron más en la música mexicana a la verdadera esencia surrealista. Y entre todas las del disco, sin duda las de José de Molina eran las más cercanas a su estética y a su propuesta artística. Conocía a Los Nakos en ese momento de mi juventud universitaria. Pero ni idea de quién era José de Molina. Canciones como La lúdica mujer impúdica, El menú del marqués y Canto a tus vísceras (como ya conté, musicalización de Soneto de tus vísceras, poema del argentino Baldomero Fernández Moreno) me deslumbraron por su ingenio y frescura, pero sobre todo por el extraordinario manejo de la elipsis, que ocultaba extraordinariamente toda la riqueza irónica de su fondo, a través de imágenes muy osadas, hechas con combinaciones extravagantes de los elementos metafóricos. Por ello, de inmediato traté de conseguir más material del desconocido José de Molina. Me llevó tiempo (era una época mucho más marginal para la expresión musical y artística no comercial). Pero cuando lo conseguí, viví uno de los mayores desencantos que recuerdo hasta la fecha. Si en el análisis de D. F. blues de Follaje hablé de los músicos One hit, en el caso de José de Molina de plano tenemos que hablar de un músico One disc, o peor aún: Half disc (y eso si tomamos en cuenta el LP original, porque después lo reeditó, e incluyó canciones ya de este estilo panfletario, rompiendo, además, el concepto surrealista del disco), dado que la mitad del disco mencionado es creación de Los Nakos. ¿Por qué? Porque todos los méritos que encontré en el disco simplemente no existían en los demás. El mayor de todos, ese extraordinario manejo de la elipsis, había sido borrado totalmente, y en su lugar me topé con el peor estilo panfletario y reiterativo. Si ya Los Nakos me parecían música para preparatorianos en pleno estreno de su politización sin refinar (y por ello, su participación en el disco fue también grata sorpresa, aunque menor), en el resto de la obra de José de Molina encontré un desequilibrio absoluto, una creación en la que el fondo era lo único existente, y tan transparente, que la emoción se obtenía de manera facilista, sin ningún refinamiento realmente analítico. Como persona de izquierda que fui, soy y seré siempre, me parecen innegables la mayoría de las críticas que encontré en ese material. Pero una verdad igual puede ser simplona, ramplona, básica, y esas características la terminan convirtiendo en lo que los incapaces de analizar no ven: inofensiva. Un perro rojo ladrándole furioso a un Rolls Royce. Y nada más. Yo respeto (y ejerzo fuertemente) la crítica política. Pero también respeto el arte. Y sacrificar el tercio más importante del componente artístico: la forma, en aras de un mensaje evidente, fácil, es no respetar nada al arte. Yo puedo llegar a respetar la fe que una persona humilde y bien intencionada tiene en un Dios que le reporte consuelo, guía ética y esperanza. No la comparto en absoluto, pero puedo respetarla. Pero de ninguna manera respeto el comportamiento de la Iglesia, de censura, culpa creada, dogmatismo, intolerancia a la diferencia sexual e ideológica, anacronismo y megalomanía de creerse poseedora de la verdad divina. La ideología de izquierda es mi ideología. Pero como en el ejemplo anterior, no me parece respetable el cine propagandístico del Realismo socialista, ni el calificativo ignorante de música reaccionaria al rock, ni los análisis superficiales, dogmáticos y maniqueos de la realidad. Mucho menos, por sobre todas las cosas, usar al arte como medio, sea cual sea su intención. Imagino que la intención de José de Molina fue siempre honesta, sincera y realmente sentida. Considero que fue valiente al expresarla en un momento tan adverso en la historia del país. Comparto el fondo, a grandísimos rasgos (en los detalles críticos hay mucho que delimitar), de su postura ideológica y de su crítica sociopolítica. Pero todos esos elementos son de la persona, no de la obra, y por lo tanto, son y deben estar, ajenos a la creación de obras de arte. Sin duda el arte conllevará o propiciará una crítica. Sin duda expresará una ideología, una ética y hasta una ontología. Pero siempre como consecuencia indirecta, no como objetivo, justo porque verlo de la otra manera propicia desequilibrios imperdonables para un artista, como ocurre en el resto de la obra de José de Molina. Para lo otro, como dije ya en otro post, están la tribuna, el templete, el artículo de fondo y el resto del periodismo, la caricatura política, un blog como éste, la cátedra y aun el púlpito. O la simple conversación. Todos medios. No el arte, que, también como ya expliqué, es un fin.

Pero la opinión que me inspiraron las rolas de José de Molina en Del surrealismo, la picaresca y el humor la sigo sosteniendo. Y de ellas, Pasitas es la que mejor refleja el espíritu surrealista, a la vez que el rockero, por más que no se trate de un rock (de todo el disco, hay sólo un rock auténtico, El asesino de la televisión, además de una especie de híbrido entre bossa nova, fox trot y aires rupestres: La modista, pero ambas canciones son de Los Nakos). Mucho de su espíritu rockero más allá del ritmo está en su tema. De manera muy inteligente, José de Molina oculta el fondo, mediante las imágenes insólitas y ácidas, de ruptura lógica permanente. Seguramente inspirado por el último verso del Soneto a tus vísceras que musicalizó, José de Molina imita el recurso, al concentrar toda la carga semántica en una sola línea oscura, que devela sin develar, al exigir una interpretación esforzada al escucha. Sólo ésta permite relacionar la frase directa “¿pasitas? —yo me preguntaba—, ¿en dónde compré pasitas?”, aparentemente aislada, con el resto de la letra, deforme y alucinada. Y justo el fondo escondido es el cercano al rockero, porque cuando comprendemos que todo ese paisaje aterrador e imposible lo crearon esas “pasitas”, sabemos que el tema de los paraísos artificiales de Baudelaire está ahí de nuevo (debido a la existencia de un sentido, de nuevo hablamos de una rola de influencia surrealista, en este caso al máximo, pero no de Surrealismo puro). Si Roberto González trató el tema de manera casi ontológica en Lentejuelas, y Grace Slick de Jefferson Airplane armando la gran analogía con Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carrol en White rabbit, aquí José de Molina lo hará desde la ironía y el jugueteo con metáforas, prosopopeyas, comparaciones y oposiciones lógicas (Trolebús tratará exactamente lo mismo después en Cuando la sicodelia llegó al D.F., pero de manera mucho más liviana y evidente, aunque plenamente rockera), que arman una atmósfera de irrealidad y aun de pesadilla, pero que la frase climática citada recargará de farsa y humor, justo al escoger la interrogación retórica, casi ridícula, muy bien apoyada por la angustia bufa de la voz de José de Molina. Por su parte, precisamente el estilo de las imágenes de Pasitas es el que la acerca a la estética surrealista, y no el tema, como podemos ver al compararla con otra rola que trata lo mismo, pero con otro estilo literario, igualmente irónico, pero no absurdo: Dr. Robert de los Beatles, y aun con la mencionada Lentejuelas, que no lo hace desde el humor ni las oposiciones lógicas. Mucho más cercana al lenguaje de Tiempo de híbridos de Rockdrigo, Surmenache de Mamá-Z e Invención para tragafuegos y cuarteto rupestre de Armando Rosas, Pasitas se diferencia justo por esas oposiciones, que vuelven irrevocablemente quiméricos a los personajes y las descripciones, como en los cuadros de Remedios Varo y Leonora Carrington, pero sobre todo los objetos imposibles de Jacques Carelman y las figuras imposibles de Maurits Cornelis Escher. Así, José de Molina nos lleva por un paseo de onirismo negro, totalmente estrambótico, jugando con nuestros referentes mentales, al trastocar al límite los significantes, con una inteligencia y un control literario muy logrados, que resalta la lástima de su posterior cambio a la frase obvia y sin trabajo retórico.

Pero todo el espíritu rockero de la letra y del tema de Pasitas no aparece en la música. José de Molina, absoluto trovador, en realidad cantor de protesta puro, realiza una parodia de un tango (recurso que utilizaron, por ejemplo, Chava Flores y hasta Cri-Cri). El bandoneón (o en su defecto, el acordeón tocado con técnica de bandoneón tanguero, no es fácil diferenciarlos) entrecortado, junto con la estructura básica de sólo cuatro acordes (la tónica menor, su segunda y su tercera, más el puente en séptima entre las dos últimas), enmarcan la canción en ese ritmo. El único adorno es una pequeña bajada de tres semitonos inmediatos después de las frases climáticas mencionadas, un recurso muy poco habitual (sólo recuerdo otros dos casos, uno de Lucerna Diogenis en Estrella fugaz, y otro, más rápido, en Azul de Real de Catorce), que aporta una originalidad discreta, pero muy atinada, porque es el pequeño símil disonante de la transgresión lógica de la letra. Escoger el tango, ritmo recargado, de esencia trágica y aun melodramática, posibilita muy bien esa ironía, al contrarrestar la angustia con su motivación absurda, mundana. Todo esto lo apoya, como ya dijimos, la precisa voz de José, grotesca, llorosa infantil y risible. Todos estos recursos musicales apenas y sugieren una posible y mínima influencia del rock, básicamente en la actitud irreverente, pero en realidad muy forzada. No obstante, podemos verla así al considerar que ni esa conservó José de Molina en el resto de su carrera. Pero sin duda la enormemente disfrutable e ingeniosa Pasitas es piedra angular del único disco plenamente rescatable de un autor que se malogró, al no comprender nunca que el arte no se debe poner al servicio de nada que no sea la calidad.

10 comentarios:

  1. Hola, nomás por no dejarlo pasar, tengo una coleccion de viniles nuevos - sellados de José de Molina por si pudieran interesarte. Cada uno cuesta 150 pesos más envío, si gustas más información con gusto te respondo en la direccion: pesadillatropical@gmail.com

    Saludos

    Carlos

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    1. hola que tal entre en la pagina del pingüino elemental y vi este correo donde dices que tienes discos sellados y el precio.
      podrias enviarme solo la canción del lp DEL SURREALISMO. LA PICARESCA Y EL HUMOR
      discurso patriótico ya que to tengo ese LP pero tiene rayada esa pista y no la he podido conseguir en un post que tiene la discografía de JOSÉ DE MOLINA ponen un cassette para descargarlo pero viene distinto al LP o sea, trae otras pistas y no trae el discurso patriótico como mi LP
      por fa, si me ayudas solo con esa pista a este mi correo. rafahl85@gmail.com
      gracias y saludos.

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  2. Gracias, estimado Carlos. No estoy interesado, pero se agradece el ofrecimiento. Ahí queda para quien se interese.
    Saludos.

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  3. Hola de nueva cuenta Pingüino Elemental, leeo esta reseña y me parece muy inteligente. Recuerdo que a José de Molina, lo vi en la Prepa 7 acá en Zapopan, Jalisco, en el auditorio. Era gratis -y como gratis hasta las puñaladas-, pues me acerqué, era 1991 y su discurso era incendiario; de sus canciones no las recuerdo aunque yo tenía un disco de él en donde había dos o tres canciones que me llamaban la atención por ese tono político. Llegó De Molina a los salones y nos vendía sus discos. Pienso que en esa etapa lo rescatable era la actitud, ahora todo mundo le puede mentar la madre al gobierno e incluso a la religión, no conozco más de la historia personal o política de José de Molina, pero mis recuerdos preparatorianos de "no creo en nadie y chingue a su madre el mundo", se vio fortalecido con este señor... un escalón ya rebasado y superado a como pienso y como vivo el arte, la crítica, la política, hoy. De su música no recuerdo, pero de la actitud, sí. Tengo entendido que murió de cáncer estomacal producto de los golpes de judiciales o ¿es puro mito urbano? Saludos.

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  4. Gracias por el comentario y los gnerosos calificativos, amigo Fabiancito.
    Y sobre la muerte de José de Molina, obviamente he oído la misma versión, pero asimismo desconozco su validez... No soy muy bueno para centrarme en la vida de los artistas, en buena parte porque en la carrera me enseñaron que lo realmente importante es la obra. Quizá por ahí alguien podrá informarnos...
    Un abrazo.

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  5. Hola. Quisiera terciar (metiche) en la especulaciòn sobre el deceso de este rebelde cantor sonorense. De ninio yo ya conocìa algunos de sus discos, pero sòlo por portada, xerografiados en algunas pàginas sepia, verdosas o blanquinegras de la H. revista politica que cronologò de primera mano el Movimiento Estudiantil y Pôpular del 68: "Por què?" de Mario Menèndez Rodrìguez; misma que mi padre ferrocarrilero vallejista -sin querer- hizo que yo abandonara el `Memìn Pinguìn` y me preparara para `Los Agachados de Rius` en mi pubertad izquierdosa (como hermano de seis universitarios, a huevo).
    La vida (y la chamba) me llevaron dos dècadas a Los Angeles y a entrevistar en nuestra sala de redacciòn a Josè de Molina, `quien visitaba E-Ley para promover y apoyar un evento de radicales mexicanos y chicanos (*que no es lo mismo, pero es igual, dirìa Silvio) en un foro de Eagle Rock que mucho emulaba a la Penia Tecuicanime de mis amores y conciertos ofrecidos y presenciados.
    Fue una larga, larga entrevista one to one (privilegios de la chamba de importaciòn, esta vez californiana), grabada desde luego, donde Josè, entre otros detalles, ya me referìa su dolencia fìsica por una patiza recièn recibida (a finales de los 90) en un desalojo en el Zòcalo. Y sì: aun cuando se miraba rollizo y rubicundo como todo buen sonorense macizo, siempre de camisa blanca arremangada, entreabierta y paliacate colorado al cuello, habìa en sus ojos chicos una coloraciòn propia de algùn malestar hepàtico o renal, whatever. No soy ni mèdico ni practicante del IMSS, pero desde luego que la blancura maculada en esos ojos troveros denotaba un padecimiento crònico. Aun asì, Josè se mostrò entusiasta con la entrevista, elocuente desde luego en sus convicciones polìticas y en su creencia en la canciòn de protesta. Hablamos incluso de la cantora valiente Judith Reyes y del privilegio de haber alternado con ella en recitales rurales (desde luego que Josè muchas veces; yo sòlo alguna ocasiòn en Jojutla, con mi grupo y alternando tambièn con Paco Barrios "El Mastuerzo" como Nako solista).
    En sìntesis, la charla derivò hacia la cada vez mayor indiferencia de los chavos (de entonces) a la problemàtica social mexicana.
    Josè me invitò al recital tras un fuerte abrazo.
    Confieso con algo de remordimiento (y no culpa, pues no era yo el editor de la secciòn) que un par de dìas despuès vino la publicaciòn de su entrevista en la pàgina 2D, blanquinegra, casi columna. Y para colmo justamente detràs de una primera plana dedicada full color a Alex Lora (y para recolmo, de mi autorìa tambièn).
    Josè se reencabronò. Y esa noche, en el mismìsimo backstage del recital, me reclamò la desproporciòn y el presunto favoritismo editorial (los que, insisto y deslindo, no eran mi culpa).
    Esta misma queja Josè la hizo denuncia extensiva a la audiencia durante el propio recital, y yo pos de plano me sentì como el cohetero... (ops!)
    Al comentarlo al dìa siguiente con mi editor (boricua poncenio de corazòn) me preguntò con una lògica multicultural y su agudo colmillo editorial: `Ricardo, cuàl de los dos cantantes es màs conocido ACTUALMENTE en Mèxico, ya no digamos en California y comunidades latinas en USA, y ya no redigamos en toda Latinoamerica?` Y allì tronò el ejote.
    En suma, yo creo que a las dolencias del buen Josè se enquistò este pandemonium periodìstico y terminò por minarlo, si no de salud, por lo menos de ànimo.
    Tiempo despuès Notimex nos cableaba sintèticamente la muerte en Mèxico del trovero rebelde Josè de Molina.
    Tienes razòn, Pinwino: `Omnes perebunt, operas manent`, pero recuerda que si un pedazo de vida del artista ayuda a testimoniar su obra, como hilo de Ariadna bien podrìa ayudar a hallar los rumbos del laberinto, y hasta al Minotauro. Un abrazo. Es un placer leerlos. Ricardo Cam,arena Castellanos.

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  6. Genial que puedas compartir estas anécdotas, estimado Ricardo. Coincido contigo en que ayudan a comprender mejor el contexto de la obra de José de Molina y a conocer a la persona detrás de la misma, lo que siempre es interesante. No obstante, siguiendo tu analogía, insisto: la labor del analista del arte (lo que intento hacer) no es ayudar a Teseo, consolar a Ariadna ni rematar al Minotauro, sino valorar críticamente si el mito está bien escrito, lo firme el ilustre Anónimo o (como diría Agustín Monsreal) la inefable tía Genoveva...
    Un abrazo.

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  7. Ya estas, Pingüino, uta!! Que buen rollo y como dice el Armado Palomas “a mí la trova me da gueva” y por eso no conozco a estos grupos o solistas, pero desde tu trinchera me haces llegar estos aportes , me gustan, pero aunque me dijeras que todos sus discos y canciones están igual de buenos, la neta no los buscaría, sobre la rola pareciera que se baso en “Las puertas de la percepción “ de Aldo Huxley, todo un viaje con su silla, jejeje

    Yo solo termine la secundaria y no me gusta la polaca, me gusta lo que los artistas cantan como el “Prohibido” del Mastuerzo, “Suele suceder, En tierra de hipócritas, Para un compa” del Meza, “Mano de mando, Un curso intensivo” del Jaime, “La Canción del mutilado” del Palomas, “Con un Misil en la nuca, Balada para los hombres del poder” del Arellano, “Amo a mi país, Callejón” del Enciso, “Un blues por Marx” de Briseño, “Abran esa puerta, Tlatelolco” de la Bostik, y un bonche mas de rolas contestatarias y de denuncia que me hacen pensar en lo mal que esta nuestro mundo, aunque hay mas canciones que nos hace ver que si vale la pena estar en este mundo.

    Abrazos, mi buen Pinguino

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  8. Igualmente, amigo Margarito. A diferencia tuya, yo sí aperecio lo bueno que hay en la trova, lo mismo que en casi todos los géneros no comerciales. Sin duda también hay cosas malas, pero eso mismo pasa en el rock y cualquier otro ritmo. Por cierto, paradójicamente a mí el que me da hueva es Palomas, mira cómo son las cosas, porque el afán reiterativo del humor por el humor que maneja ya lo ha vuelto francamente monotemático y predecible. Pero en fin.
    Lo que si valdría la pena subrayar es que sólo una parte de la música de trova se centra en lo político; hay infinitos ejemplos de estupendas canciones de amor y otras emociones humanas. Y por su parte, disfrutar la trova tampoco requiere una eduación forzosamente elevada, si bien ayuda a comprender y valorar la plenitud de sus recursos sin duda. Pero basta una mínima sensibilidad a la belleza y la inteligencia para disfrutarla.
    Por último, yo justo diria que mi politización comenzó en la secundaria, si bien se desarrolló plenamente en la prepa, para pulirse en la universidad, por lo que tampoco es absolutamente necesaria una formación académica para tener una conciencia política. Una vez más, ayuda notablemente, pero también una sensibilidad hacia la justicia y la ética pueden desarrollar una ideología.
    Un abrazo.

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