11 de agosto de 2011

EL TLALOCMAN


Letra y música: No tengo a mano los créditos exactos, pero participaron en la creación al menos Salvador Chava Flores, Carlos Monsiváis y Alfonso Arau, no sé exactamente en qué medida.
Intérprete: Botellita de jerez.
Disco: Naco es chido.




De día,
muy temprano tengo que checar;
de noche,
me transformo en el Tlalocman.

Me sobran superpoderes,
también me sobra debilidad,
y con mi supervista
te puedo, nena, radiografiar.
Me dicen Gutierritos
los que no saben que soy Tlalocman.
¡Tlalocman!

He combatido a los villanos
que del espacio suelen llegar,
pero mi suegra me quiso regañar,
por haragán.

De día,
muy temprano tengo que checar;
de noche,
me transformo en el Tlalocman.

Me sobran superpoderes,
también me sobra debilidad,
y con mi supermano
hoy la quincena voy a pagar.
De mañana, cajero;
de noche, baby, soy el Tlalocman.
¡Tlalocman!

Soy muy man,
requete man,
¡cáspita, man!,
muy, muy man.
Man, man, man,
soy el Tlalocman.

De día,
muy temprano tengo que checar;
de noche,
me transformo en el Tlalocman.

Me sobran superpoderes,
también me sobra debilidad,
y con mi supervista
te puedo, nena, radiografiar.
Me dicen Gutierritos
los que no saben que soy Tlalocman.
¡Tlalocman!

Soy muy man,
requete man,
¡cáspita, man!,
muy, muy man.
Man, man, man,
soy el Tlalocman.


Si al hablar sólo de influencia podía ponerse en duda la de Chava Flores en el rock mexicano, su histórica participación directa en el mismo no deja lugar a dudas. Existen varias versiones de los hechos, pero más o menos se sabe que la idea de Alfonso Arau de crear un grupo de rock surgió más por diversión y para un espectáculo puntual, que por convicción. De esta manera, Arau, comediante, bailarín y actor en el auge de su carrera, convocó a personajes tan disímiles como sorprendentes para su proyecto, como Carlos Monsiváis y el mencionado Chava Flores, que participaban, según sé, sólo en las composiciones, más un grupo de músicos diversos. Y surgió así el grupo Los Tepetatles (algo así como “Los Beatles de tepetate”). Además del espectáculo mencionado, el grupo dejó un único disco, Arau a go go, que es toda una reliquia. Y años después, el hijo de Alfonso Arau, Sergio, guitarrista de Botellita de jerez, retomó una de las canciones del disco: El Tlalocman. Y más allá de si participó o no plenamente en el grupo, la sola idea de incluir a Chava Flores muestra cómo el espíritu humorístico se ha asociado siempre con el rock mexicano, lo que explica también la incorporación, esa sí indudable, de Carlos Monsiváis, que fue un humorista permanente, por escrito y aun en la plática, como muestran sus extraordinarias crónicas, ensayos, prólogos, artículos, y sobre todo su célebre columna Por mi madre, bohemios, pilar fundamental de la crítica política mexicana. La influencia de Chava Flores es notoria en El Tlalocman. Su letra, sencilla y mordaz, es otra muestra de su crítica a la idiosincrasia nacional, que es conformista disfrazada de soñadora, ingenua y a la vez corrompida, mediocre y altanera a la par, bravucona y cobarde en alternancia convenenciera o impulsiva. Caos, contradicción, sincretismo, locura, soledad, melancolía, violencia, se conjugan con una gran dosis de ignorancia, atraso e instinto de sobrevivencia a toda costa, armando la gran Comedia humana nacional, la Tragicomedia mexicana, como la calificó José Agustín. Chava Flores y Monsiváis dedicaron su vida a retratarla, a desmenuzarla, cada uno a su estilo, pero con igual contundencia e ingenio. Mucho más liviano y transparente (por lógica diferencia educativa), Chava Flores igual acierta plenamente, y se burla una vez más de los afanes heroicos del “mexicano medio” (como dice Roberto González en Lentejuelas), que recuerdan, en su visión más seria, la novela La gloria de don Ramiro de Enrique Larreta, el relato En la galería de Franz Kafka, o más cercanamente, el mismo Don Quijote de Cervantes, sólo que a la mexicana, prosaico, burdo, inconsciente por limitación intelectual, y no por locura (la referencia a Gutierritos es otra cara de la misma moneda, pero peor, porque es muestra de la franca tomadura de pelo del melodrama telenovelero, que vende la historia de La Cenicienta una y otra vez, centrada en la fortuna o la belleza, y no en la actitud crítica). Así, el burócrata que sueña con hazañas y tamaños imposibles, mientras ve su vida cotidiana en la ruina, representa al mexicano promedio, humillado por la realidad, y que en lugar de cultivarse, concentrarse y actuar para transformarla, se evade en fantasías inútiles, en una prolongación de la mencionada A qué le tiras cuando sueñas. Uno perfectamente podría concentrarse en el análisis de las condiciones históricas que han propiciado esa personalidad nacional, como la falta de oportunidades, el fomento de la incultura como estrategia política de los gobiernos priístas (y ahora panistas, cínicamente asociados con la patética Elba Esther Gordillo), la corrupción, la marginalidad, la mala nutrición, etc. Pero El Tlalocman apunta al conformismo de facto, que sí es responsabilidad del ciudadano en muy buena parte. Pero todo esto se muestra de manera humorística, casi inofensiva, porque la intención es juguetona (después el propio Alfonso Arau llevaría este tono al cine, en El Águila descalza), catártica, sin dejar de ser crítica (porque podría evitarse el tema, simplemente, y no es así). ¿No es ya indudable la influencia de Chava Flores en el rock mexicano?
Por su parte, la versión de Botellita de jerez de El Tlalocman es uno de sus logros más disfrutables y frescos. La liviandad rítmica de la versión de Los Tepetatles cambia radicalmente, y Botellita de jerez imprime en su versión una potencia de auténtico hard rock, con la guitarra distorsionada de Sergio Arau como gran soporte del riff introductorio (y final), además de su fuerte interpretación vocal en los estribillos, que suele irritar un poco, pero que aquí cumple su función perfectamente. Pero la auténtica maravilla de este arreglo es el ingeniosísimo intermedio, en el que el ritmo se va alentando conforme se queda sola la batería de Francisco Barrios El Mastuerzo, para luego dar paso a las percusiones y los alientos prehispánicos (flautas de barro, caracoles, etc.) del invitado José Ávila, del grupo Los Folkloristas (en una de las máximas muestras del afortunado cambio de actitud de los trovadores respecto a su inicial prejuicio con el rock). El resultado es una parodia deliciosa del sincretismo propio del etnorrock, que es también el que define al híbrido ridículo entre el dios Tláloc nahua y el superhéroe occidental de cómic (¿no recuerda a Tiempo de híbridos de Rockdrigo?), que a la vez simboliza el sincretismo esperpéntico de nuestra idiosincrasia, de narcolimosnas, santa Muerte, Legionarios de Cristo pedófilos, etc. Curiosamente, más allá de la parodia, la música resultante en este intermedio es enormemente bella. Por ello, el recurso no sólo es ingenioso, fresco y sorpresivo, sino que posee gran mérito en su ejecución musical, impecable, precisa. Luego, el ritmo revienta de nuevo, para volver a su cauce de rock poderoso, en la estrofa final, con lo que la nueva versión de hecho la reinventa, con una mejoría muy notable.
Por todo lo señalado, El Tlalocman de Los Tepetatles no sólo posee riqueza histórica y gratísima sorpresa por sus compositores, sino que se vivifica totalmente en la versión de sus herederos directos: Botellita de jerez, en uno de los temas más logrados de su dispareja carrera, llena de resbalones (como su etapa cumbiera, o la reciente película Naco es chido, de lo peor que he visto en el último tiempo, con un humor idiota, de Richard Lester subdesarrollado, pero con el agravante de los años transcurridos desde entonces), pero que aquí muestra lo que lograba cuando no cedía a la necesidad de éxito ni al papel de payasos utilizables. Un auténtico clásico por todos lados.

15 comentarios:

  1. Supe de la existencia de Botellita de Jerez a través de su canción "Abuelita de Batman", una mala primera impresión de un buen grupo sin duda. Su cover de "Asalto chido" lograría que los perdonara y les diera otra oportunidad. Un gran híbrido el que se logró en esta rola, sería interesante saber exactamente que aportó Monsivais, aquel intelectual que pedía a gritos la intervención de la fuerza pública como solución a la huelga en la UNAM y que cuando se le cumplió su deseo se rasgó su ropa casual por la intervención de la PFP ¿contradicción? no, era su modus vivendi. Les dejo una muy buena reflexión de un casi contemporáneo del buen Monsi http://www.reneavilesfabila.com.mx/pdf/pesadilla_monsivais.pdf Excelente post, estimado Pingüino.

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  2. Gracias por las palabras y el aporte, estimado MARX. No obstante, me siento obligado a expresar mi opinión ante el documento de Avilés Fabila, que implica un asunto muy, pero muy complejo, nada fácil de analizar:

    1. Conozco el momento y las circunstancias de la llamada "Mafia" literaria en el México de esa época. Y conozco no sólo el libro de Avilés, sino el otro importante sobre el tema: "La mafia", de Luis Guillermo Piazza, aunque francamente muy inferior. Por ello, comprendo y comparto la molestia de René ante un poder que ejerció malas influencias para obstaculizar las publicaciones de quienes no pertenecían al grupúsculo. No obstante, eso tampoco es nada nuevo, ni exclusivo de México. De hecho, ha ocurrido a lo largo de la historia con todo innovador del arte. Recordemos a los que llamaban "italianizante" a Garcilaso por introducir el soneto en la lengua española, o a Quevedo y Lope de Vega atacando a Góngora. Los ejemplos son miles. Forman parte de una simple condición humana: la incomprensión de lo nuevo, la imposibilidad de valorarlo ante la falta de referentes, o por la misma vejez, un hecho que suena abrsurdo, pero que en más de un caso sí representa un deterioro de las facultades de adaptación a lo más actual (obviamente no siempre). Y si tomamos en cuenta la época, es más comprensible aún. No lo justifica, pero si lo hace contextualizable, y ya eso le resta esa cuota de perversidad que René le achaca, y lo vuelve más propio de las miserias humanas más comunes.
    2. De la misma manera, noto que el ofuscamiento lleva al propio René a la injusticia y la afirmación que suena incorrectamente "inobjetable", por ser sobre algo al menos discutible, como es la calidad de los escritos de Monsiváis. Me parece que si por sus acciones personales se trata de decir que su obra carece de ingenio e inteligencia, es caer en la visceralidad. Y desde mi punto de vista, la parte de la "pesadilla" misma del escrito de René, que intenta ser graciosa, lo es en grado muy inferior a los textos de Monsiváis, mucho más fino estilísticamente.
    3. El arrepentimiento de Monsiváis ante la toma de la UNAM, mismo que tuvo Elena Poniatowska, me parece legítimo, y de hecho, que los engrandece. ¿Qué otro recurso tiene alguien cuando comete un error, sobre todo si es grande? ¿Qué les quedaba por hacer? Si se hubieran quedado callados, los hubieran acusado de "cómplices silenciosos". Confundirse y errar es inevitable para cualquiera. Y si el propio René critica a Scherer por su inflexibilidad ante "el pequeño error" de García Cantú, por haberse quedado con Regino Díaz Redondo tras el golpe a Excélsior, entonces se debe aplicar lo mismo para Poniatowska y Monisváis.
    4. Estas disputas están muy cargadas de conflictos más personales. Desde ese punto de vista, comprendo la rabia de René, que padeció directamente las acciones de la mafia. Pero que ese enardecimiento lo lleve a no reconocer el mérito crítico de los escritos de Monsiváis, lo aleja de la objetividad más elemental.
    5. Finalmente, lo peor que podemos hacer es confundir vidas con obras. Y también casarnos con un grupo o una postura que nos exija una elección por sobre otra. Creo que lo verdaderamente sabio para las generaciones posteriores, como la mía y las siguientes, es no cer en la tentación de la parcialidad de los que buscan oposiciones ridículas entre movimientos o escuelas. Así, en lugar de escoger entre uno y otro, yo prefiero disfrutar tanto "Tantadel" de René Avilés Fabila (que tanto me gustó) como las crónicas de Monsiváis. Y que su vida privada siga siendo suya, o al menos que mi postura crítica al respecto no nuble mi capacidad para reconocer los méritos literarios de ambos, en su justa medida, más allá de sus acciones personales. En ese sentido, negar la calidad de los artículos de Monsiváis, como hace René, me parece, sencillamente, una estupidez.

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  3. La sitar que Harrison introdujo al rock hizo que muchos hicieran el viaje a la India, desde el reconocimiento geográfico hasta cada manifestación de cultura inherente a ella. Con tu blog mi buen Pingüino, considero que haz seguido por esa senda al integrar en cada análisis referentes literarios afines a cada canción. De ahí mi interés en conocer el grado de participación de Carlos M. en esta rola (y el proyecto de los Tepetatles en general) debido a sus críticas previas al rock y a la cultura de la onda en particular. Es cierto que es de sabios aceptar los errores, enmendarlos y evitar, en lo posible, no volver a ellos. Sin embargo ¿cuándo esta ambivalencia se torna crónica? ¿qué hacer?

    Aquella anécdota de Parménides queriendo golpear a O. Paz por no incluirlo en una antología es similar a la impotencia que demuestra René A. ante la falta de reconocimiento del canal de las estrellas a su arte frente al de Carlos M., patético sin duda, pero valido en lo que cabe.

    En su momento, Elena P. y Carlos M., tomaron una posición frente a la huelga de la UNAM, respetable y no me sorprendió. Tenían sus argumentos, mismos que expresaron y defendieron, sin embargo, ni las palabras ni las lágrimas bastan para intentar justificar que no esperaban una actuación represiva del gobierno de Zedillo, desde que pusieron su firma a favor del cese de la huelga y la devolución de la instalaciones le dieron luz verde a la entrada del ejército uniformado de PFP. Si bien ninguno de ellos tiene mando sobre el actuar de los encargados de mantener la paz y el orden público, su apoyo moral a una causa siempre fue determinante, lo sabían, de ahí su deslinde posteriori a la toma de Ciudad Universitaria, tarde, demasiado.

    Las obras que superan el paso del tiempo generalmente dejan la vida de su autor en segundo plano, en algo para el anecdotario y a veces sólo unos pocos saben quién es el creador. Y es esa separación entre autor y obra algo que debe agradecerse. Tlalocman se seguirá disfrutando gracias a la amalgama de talentos que la crearon.

    Me despido con las palabras del buen Carlos M. que pusieron su granito de arena para llevar al rock a los hoyos, lo bueno es que cambió de opinión:
    '¿Qué es la nación Avándaro? Grupos que cantan en un idioma que no es el suyo canciones inocuas, rechazo a la guerra de Vietnam, pero no a la explotación del campesino mexicano; pelo largo y astrología, pero no lectura y confrontación crítica. Creo que la Nación de Avándaro es el mayor triunfo de los mass media norteamericanos; es el Mr. Hyde de artículos, reportajes y crónicas sobre Woodstock. Es uno de los grandes momentos del colonialismo mental en el Tercer Mundo.'

    Enhorabuena. Seguimos leyéndonos.

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  4. Estimado MARX:
    Te agradezco las palabras sobre mí. Básicamnte, estamos totalmente de acuerdo.
    Igual me gustaría contarte (y a quienes nos lean, por supuesto), que la posición de Monsiváis y Poniatowska ante la hielga de la UNAM a mí sí me sorprendió. Y desilusionó. Y peor aún: me afectó directamente, porque en ese tiempo yo participaba en la huelga como profesor. Es decir, la entrada de la PFP perfectamente pudo tocarme, y pude haberme ido preso, de no ser porque esos días había amanecido enfermo y no fui a las guardias. Pero a pesar de ello, sigo considerando válido su arrepentimiento. Efectivamente fue tardío. Pero mucho peor hubiera sido insistir en el error por cuidar la imagen o el pestigio. No es nada fácil reconocer algo así, y a mí no me parece tan inútil. En todo caso, el desplegado de intelectuales pidiendo la devolución de las instalaciones de la UNAM incluyó a muchos otros nombres, que, curiosamente, nunca se han cuestionado tanto. Y varios de ellos nunca pronunciaron arrepentimiento alguno.
    En cuanto al último fragmento que citas, no comparto que Monsiváis haya puesto un grano de arena para reducir al rock a los hoyos. En ese momento histórico, ningún pronunciamiento de escritor alguno valía nada para la dictadura sexenal priísta, así que no necesitaban ninguna ayuda para ello. Y por otra parte, no sólo cambió Monsiváis: para ser justos, el mismo rock mexicano cambió. Recuerdo una entrevista que le hizo un periodista alemán (o gringo, no me acuerdo) a Federico Arana. Le preguntó cómo eran los rocanroleros que describía en su novela "Las jiras". Y Arana le respondió que como el rockero habitual: profundamente reaccionario y primitivo. El alemán le dijo que eso lo sorprendía, pues él tenía a los rockeros básicamente como rebeldes, rupturistas. Pero Arana le reviró, muy inteligentemente, que eso fue bastante después, y le puso de ejemplo a Jerry Lee Lewis y Bill Halley, señalándole que eran unos "pinches rancherotes bastante básicos". Y creo que francamente Arana tiene toda la razón, estimado MARX. Y creo que en el momento histórico del rock nacional en que Monsiváis expresó lo que citas, al menos una muy buena parte de lo que dice era absolutamente cierto. Después eso cambió, pero no sería sino hasta grupos como "La nopalera", Un viejo amor", "On'tá" y Briseño que se empezó a crear un rock verdaderamente inteligente. Me parece lógico que en ese momento incial no podía ser de otra manera. Pero también me parece obligación de todo crítico señalar las deficiencias igual. En ese sentido y estrictamente bajo su contexto, hay mucho que valorar del rock de la época de Avándaro, y hasta del rock'n'roll de covers de los pioneros. Pero tampoco hay que idealizarlo, porque su primitivismo es tan inevitable y lógico como innegable.
    Un abrazo.

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  5. Pues si mi estimado Pingüino y yo que culpa tuve? Cuando empecé a escuchar “Rock” hace un buen de ayeres iba en la primaria cuando un cuate me invito a su casa y puso el disco de los Teen Tops que traía “Presumida” cuando escuche esa rola me emocione muchísimo, en casa se escuchaba pura música ranchera y tropical ni siquiera se escuchaba algo en ingles y eso que estábamos por ahí de 1969, pero en mi pueblito Texcoco, que iba a llegar la sicodelia.
    Pasaron muchos años y entre Juan Gabriel, José José y todos los “rocanroleros” de covers mi vida pasaba plácidamente, hasta que un día ya saliendo de la secu, me inscribí a un taller del INJUVE, ahí conocí a unos carnales que me enseñaron que existían unos gueyes, que se llamaba “los Beatles”, en su madre, que pinche pason, de ahí a buscar sus discos, comprar libros ingles-español para tratar de traducir las rolas (nunca lo logre), compra revistas y ahí se me abrió todo un universo de música y era buscar programas en la radio, estaba ya loco, usar el pelo largo, pantalones de mezclilla, mis zapatos de plataforma de hule espuma, me compre en abonos un chingado estéreo, y una bronca para que en mi cantón me dejaran escuchar la música fuerte, para esto yo estaba volcado al “Rock Pesado” así le llamaba en ese tiempo.
    Y en el ir y venir de los días, me empecé a enterar que aquí en México habían existido (y aun existían)un buen de bandas, que hubo un conciertazo en AVANDARO y que había muerto nuestro rock, que antes habían tocadas chidas, cafes cantantes, que muchos habían intentado ser originales y que habían hecho música en español y pos a talonearle a buscar sus discos, casetes, pinche suerte la mía eran mediados de los 70´s, aquí solo se escuchaba música disco, baladistas, tropical, no existían conciertos, no habían más que solo algunos hoyos funkys, los mismos grupos las misma rolas, ser rockero era morirse de hambre o vivir del hambre (verdad Batiz) y siempre se culpaba a Diaz Ordaz, a Raul Velazco, a Televisa de encontrarnos en el hoyo, según la historia asi fue y que hubiera pasado si no se hubiera dado ese concierto, el rock mexicano hubiera triunfado? Seriamos una potencia? Quién sabe, lo que si es una realidad que un grupo que toco en ese concierto y que no eran nada “el three souls” nos guste o no si triunfo, que no hubieran hecho el boche de bandas, que por aquellos ayeres derrochaban calidad (según su momento histórico) y no como el comentario de Monsiváis, que si caga los huevos;

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  6. SIGUE:
    Cita el buen M.AR.X.
    “¿Qué es la nación Avándaro? Grupos que cantan en un idioma que no es el suyo canciones inocuas, rechazo a la guerra de Vietnam, pero no a la explotación del campesino mexicano; pelo largo y astrología, pero no lectura y confrontación crítica.”
    Pareciera que este bato era el “mesías” de los libros bien pinche culto ahora que nos escribiría del “yo soy 132” seguramente así “Chamacos babosos que se dejan llevar por partidos políticos, hijos de papi que en su vida han leído un libro” y llegar a otro ´68 y entonces yo que no estudie ni se de libros de filosofía, astrología, no soy nada?, supongo que todos tenemos derecho a escuchar y cantar lo que nos guste y para todo tipo de gente hay diferentes tipos de música.
    Después de los 80´s, para mi MANA, abrió el mercado al rock nacional, y para los bien rockeros eran bien criticados, pero yo prefería escuchar sus canciones por la radio que todo el vomito que me habían echado antes y así llego el Rock en español.
    Regresando a la rolita “Tlalocman” no es por mucho una gran rola de los botellos y por eso supongo que no entro entre las 100 y no se hasta que punto tuvo su influencia en grupos de Avandaro que ya hacían este tipo de música aunque mas seria, como Toncho Pilatos y su “Kulkukan” o “la ultima danza”, o Nuevo México con su “Sinfonía de Rock” o "Después de La Muerte", excelentes rolas con instrumentos prehispánicos pienso que Carlos Mata , y Rigo Guerrero, fuero precursores para que después llegara Jorge Reyes y un buen de bandas y tomaran nuestras raíces autóctonas y las incorporaran al Rock.
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    “después de la muerte” Nuevo México”, prácticamente es musical la letra solo unos párrafos al principio y unos coros al final.
    Después de la muerte
    Después de la muerte
    Hay libertad
    Hay libertad

    Y “Kulkulkan” de “Toncho Pilatos”

    Un abrazo mi buen Pingüino, buen fin de semana.

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  7. Amigo Margarito, agradezco tu testimonio, siempre interesante y honesto. Sin embargo, yo insisto en que el comentario de Monsiváis que cita MARX no es para nada desdeñable. No se trata de ser un "mesías" ni de discriminar a quien no tiene una formación profesional, pero tampoco se puede negar que eso suele incidir en las creaciones de quienes no lo tienen, así como en el nivel crítico del público que también carece de esas herramientas de análisis y crítica. El gusto es propio de todos, como bien dices, pero la valoración crítica, que no se centre en la mera opinión libre, sino en argumentos sólidos, sí requiere una cierta base teórica. Esto suele irritar cuando se trata de arte, pero basta que uno piense si le parecería confiable un "médico" sin estudios profesionales, o si viviría en una casa planeada no por un arquitecto, sino por un media cuchara (obviamente hay quien sí escoge ambas cosas, pero se debe a la ignorancia, y suele costar caro, cobrar vidas, o padecer estafas de charlatanes). Pues lo mismo courre con la crítica profesional: inevitablemente requiere conocimientos más allá del mero gusto para tener esa condición. Y yo insisto: en esa etapa del rock, y de manera lógica, lo que dice Monsiváis ocurría efectivamente, y como señalé, las creaciones más pensadas llegaron mucho después. Creo que lo mejor que puede hacer uno es reconocerlo, y gracias a ello avanzar. Creo que personajes y grupos como Maná y Lora lo requerirían urgentemente, porque viven el estancamiento más acrítico que puede haber...
    Y respecto a los ejemplos del etnorrock que pones, justo el valor de "El Tlalocman" es que es una sátira de eso, como señalé, y muy bien lograda. Así hay que valorarla desde ahí.
    Un abrazo.

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  8. Me gustan mucho las rolas que escoges las reseñas que nos pones de ellas pero mucho mas me gustan lis comentarios de tus seguidores que sin duda aportan muchos datos interesantes dándole un toque especial a tu blogg

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  9. Coincido plenamente, estimada babatis, y esa es la idea, que los lectores puedan enriquecer el trabajo con sus comentarios, y que esa diversidad de ángulos críticos amplíe la visión de los demás lectores y, por supuesto, la mía. Es decir, la de todos juntos...
    Muchos saludos.

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  10. Hola Pingüíno, quisiera preguntarte qué piensas del famoso grito futbolero “¡puto¡”, que está provocando algunos debates interensates. Justo antes de empezar el mundial, leí “La increíble hazaña de ser mexicano” de Heriberto Yépez, que con sus aspectos cuestionables, como en todo, me parece un libro importante. Dice que expresiones como esa son ejemplo de cómo el mexicano idolatra su vulgaridad, reforzada además por la televisión, y que no son algo trivial, sino manifestaciones de problemas psicohistóricos que a su vez son la raíz de las situaciones lamentables y peligrosas a las que está llegando México. No sé, me gustaría saber qué piensas, te lo pregunto en esta rola, en cuyo análisis mencionas la esperpéntica idiosincracia mexicana. Saludos.

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  11. Saludos igual, amigo Daniel.
    El asunto que señalas es bastante complejo, y curiosamente había estado pensando en él, a raíz de uno de esos debates que señalas, que escuché en el programa de radio por internet que tiene Fausto Arrellín (del grupo Qual). Justo porque no es tema sencillo le había estado dando vueltas, y a reserva de pensarlo con más detalle, o de escuchar otros argumentos que modifiquen mi postura, me ha pasado lo mismo que me pasó cuando hubo un encontronazo entre Guadalupe Loaeza y Salma Hayek por la película "Frida" (no sé si lo recuerdas). Yo entonces concluí que la película era mejor de lo que decía Loaeza (algunas posturas suyas me parecían de provincianismo absurdo, como alterarse porque el personaje de Frida "hablaba en inglés", lo que inhabilitaría toda película que trate a un personaje, pero que pertenece a la filmografía de otro idioma), pero no tanto como creía Hayek (cuyo ego evidentemente le hacía creer que había hecho una obra maestra de cine-arte). En este caso pienso algo similar: el grito futbolero no es tan grave como señalan los que tienen la absurda manía de teorizar hasta el bostezo de su gato, ni tan liviano como señalan los aficionados o alguno críticos (como el mismo Fausto). Creo que primero habría que analizar intención y sentido. Es claro que hay mucho más deseo de divertirse en bola que otra cosa, lo que se llama simple y llanamente "echar desmadre", joder al portero rival por mera diversión. Es claro, porque hay otro gesto equivalente para el equipo propio: sacudir las manos para "enviar buenas energías" cuando se cobra un tiro de esquina o tiro libre, o la misma "ola". Ahí veo un mero afán de diversión; infantil si se quiere, pero que no va más allá. Tampoco me parece grave que se use una "palabrota". Cualquier lingüista que se respete, al saber que la lengua es una mera convención, sin real relación motivada entre significado y significante, sabe que la carga que se le da a algunos signos lingüísticos es reflejo cultural, nunca el problema en sí. Joder al rival a través de la lengua, porque la distancia es lo único que deja, es mera catársis mínima, inmediata e intrascendente, e insisto que forma más parte de la diversión de que de una odiosidad real. No es el caso de la violencia entre porras u otros ejemplos que sí poseen esa carga intolerante y fanática, y señalarlo permite justamente diferenciarlo de este grito intrascendente. Hasta ahí mi distancia con los que creen encontrar hondos símbolos antropológicos, históricos, psicológicos, etc., hasta en las moronas que deja su bolillo en la mesa (obviamente sin nada más allá de la especulación que, "como pue' que sí, pue' que no"), una verdadera plaga, y que muchas veces sólo intenta maquillar (mal) su urgente necesidad de sentirse importantes.

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  12. (continuación)

    Pero también disiento de los que niegan toda gravedad en el asunto (y reitero que penosamente incluyo al mismo Fausto), porque para mí el verdadero problema es que queda en evidencia cómo se sigue teniendo a una identidad sexual como insulto, aun como juego. Eso demuestra que la tolerancia y el nivel cultural de la masa en México todavía son paupérrimos, lo que sigue evidenciando que el proceso de desarrollo educativo dista mucho de alcanzar la auténtica modernidad que uno desearía (algo similar se ve cuando se usa "indio" u otros rasgos físicos, de clase, sociales, etc., como insulto). Para mí, si al portero se le gritara "pendejo" u algo así, no habría realmente mayor problema, o al menos no uno que tuviera un verdadero fondo serio. Que la homosexualidad se siga creyendo una especie de mácula que anula al individuo sí me parece que muestra nuestro atraso, un primitivismo que no terminamos nunca de superar. Pero el problema obviamente no es ese público, sino las autoridades políticas, que no sólo impiden el desarrollo educativo, sino que fomentan la ignorancia con absoluta intención, como te he comentado. Por ello, no tiene ningún sentido -más allá de echar una cortina de humo- cualquier medida contra ese público.
    Un abrazo.

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  13. Gracias por tu repuesta, Pingüino. Sí, todo un tema, y un aspecto interesante es cómo se entiende la homosexualidad en México, con ambigüedades muy curiosas, desde el "jotito" simpático del programa x de Televisa, o los bailes sonideros donde sin problema bailan dos hombres, hasta el hostigamiento, la discriminación o la golpiza (creo que cada vez menos frecuente, afortunadamente). Viene a la mente "El lugar sin límites", en la que el personaje de Gonzalo Vega al final representa esa curiosa ambigüedad hacia la homosexualidad.

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  14. Yo creo que ni siquiera llegamos a una auténtica ambigüedad, amigo Daniel. Podría entenderse así si nos limitamos a la capital, pero en zonas de provincia de conservadurismo lamentable (Puebla, Querétaro, etc., y ni hablar de los pueblitos pequeños) todavía hay mucha homofobia pura, así que estamos aún más abajo que la ambigüedad.
    En el caso de "El lugar sin límites", más que de ambigüedad se trata del pánico ante el homosexualismo propio, escondido en una buena parte de la homofobia, tesis ya muy conocida (también se toca en la película "Belleza americana", por ejemplo). Por cierto, si te gustó la película, te recomiendo mucho la lectura directa de la novela misma de José Donoso, uno de los máximos novelistas del llamado "boom". Para mí, junto a "Casa de campo", su mejor obra, y por cierto, escrita en México.
    Muchos saludos.

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  15. ¡Gracias por la recomendación Pingûino, las buscaré!

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